El despertar del amor, la necesidad de sentirse visto y aceptado, o la progresiva toma de distancia respecto a la familia pueden vivirse con una fuerza que desborda y, en muchos casos, reactiva heridas profundas originadas en la infancia.
La clave de ese proceso es la resiliencia: una capacidad dinĂĄmica que no surge en soledad, sino que se construye en el vĂnculo con adultos significativos, educadores, referentes afectivos y pares.
El despertar del amor, la necesidad de sentirse visto y aceptado, o la progresiva toma de distancia respecto a la familia pueden vivirse con una fuerza que desborda y, en muchos casos, reactiva heridas profundas originadas en la infancia.
La clave de ese proceso es la resiliencia: una capacidad dinĂĄmica que no surge en soledad, sino que se construye en el vĂnculo con adultos significativos, educadores, referentes afectivos y pares.